La maternidad y la paternidad son dadores universales de sentido. A nadie (salvo psicopatologías graves) le puede dejar indiferente el hecho fundamental de traer una vida al mundo.
“No me siento preparada todavía para ser mamá”.
“No le encuentro sentido a ser papá, creo que limitaría mi vida”.
“Es una crueldad traer a alguien a este mundo”.
“Primero queremos tener la casa comprada, cambiar el auto, que ella logre el ascenso… no sentimos apuro”.
En los últimos años, con mucha más frecuencia que antes, encontramos jóvenes y adultos que optan por no tener hijos, o que lo postergan indefinidamente. Parecen haberse desconectado de ese llamado visceral a la reproducción que habita en todo ser vivo.
En algunos casos (los menos, en mi experiencia) hay una razón traumática relacionada con la propia historia familiar. Estas personas necesitarán sanar sus heridas para poder conectar con un rol al que siguen llamadas desde un lugar profundo, a pesar de esa historia dolorosa.
Una gran mayoría, sin embargo, no tiene esos traumas. En ellos, el agobio por las preocupaciones materiales y profesionales, la lista de “requerimientos” previos a poder, finalmente, animarse a ser padres, parece haber crecido año a año. Cuando, acorralados por la biología, se deciden a intentarlo, suelen encontrarse con problemas relacionados con la edad reproductiva.
Finalmente, otros, más que esa desconexión con el ideal de la maternidad/paternidad, tienen una postura militante opuesta al natalismo. De las muchas explicaciones posibles, elijo la de que es resultado esperable de lo que san Juan Pablo II llamara “la cultura de la muerte”. Aborto masivo, eutanasia, ecologismo apocalíptico, feminismo radical, transexualismo militante, marxismo cultural… y una lista interminable de perspectivas “woke” han llevado a las nuevas generaciones a elegir una castración voluntaria, como acto necesario e incluso virtuoso.
Uno pensaría que no hay nada más lógico que desear traer hijos al mundo, pero, parafraseando al gran Chesterton, ha llegado la hora de desenvainar la espada (perdón… ¡la pluma!) para sostener que el pasto es verde.
Resumo aquí, en un humilde punteo de observaciones clínicas, el aprendizaje que he recolectado en estas dos décadas en el consultorio como psicólogo. Espero que aporte algo de luz a quienes están en proceso de discernimiento de, tal vez, la decisión más importante de sus vidas.
No pretende ser un listado apologético, sino un diálogo amoroso que busca el bien de quien lo lee, como disparador de diálogo fecundo.
¿Por qué y para qué ser padres?
- Ser padre será una fuente de sentido para tu vida
“Quien tiene un por qué para vivir, puede soportar cualquier cómo”. La máxima de Viktor Frankl, fundador de la Logoterapia (terapia de sentido), expresa una verdad que se comprueba siempre y a través de los siglos: el ser humano es un ser hambriento de propósito.
La maternidad y la paternidad son dadores universales de sentido. A nadie (salvo psicopatologías graves) le puede dejar indiferente el hecho fundamental de traer una vida al mundo.
En todos estos años de consultorio, he escuchado a algunas personas arrepentirse de con quién fueron padres, pero nunca de haber sido padre o madre. ¿Por qué nadie se arrepiente de ser padre? Porque nos da una razón mayor a nosotros mismos para vivir, para transitar todos los desafíos sin dejarnos caer en ellos. Esa nueva vida, que es más importante que la propia, produce bienestar ya, solamente, con darnos ese rol vitalicio de padres.
- Tu mente acallará las quejas más fácilmente

La paternidad es un proceso permanente de descentramiento y recontextualización de quejas mentales y preocupaciones.
Podemos decir que casi todos nuestros padeceres habituales son, en definitiva, problemas de falta de contexto. Por ejemplo, alguien puede estar muy triste porque ha perdido el empleo. O enojado porque le han cancelado un vuelo.
Si esa persona acaba de superar, digamos, un cáncer, es muy probable que esos malestares sean puestos rápidamente en su lugar de problemas, no de tragedias.
Eso se llama contextualizar. Nos distanciamos de esa primera lectura dramática que la mente hace de la realidad. Así podemos ver menos catastróficamente las preocupaciones cotidianas.
La paternidad ayuda a que se realice esta contextualización de manera casi permanente. Nuestro cerebro busca prioridades, siempre. La importancia de lo que está sucediendo, si nos mantenemos conectados con el milagro de la procreación y la crianza, mantiene en un segundo plano las quejas de nuestra mente por una enorme cantidad de problemas. Nuestra mente conectará rápido con lo que el niño y la familia necesitan, desatendiendo más fácilmente la queja por nuestro malestar transitorio.
Y eso redunda en un bienestar realista y gozoso. Como dice un conocido economista argentino, cada vez que le preguntan el cotidiano “¿cómo estás?”, él responde: “Lo importante está bien.”
El egocentrismo siempre queda insatisfecho. La paternidad nos ayuda a superarlo.
- Realizarás el evidente designio de la naturaleza

Hay todo un sistema en ti que está para eso. ¿Puede haber todo un conjunto de órganos que estén en ti y que no tengan nada que ver con tu bienestar?
La reproducción es la obsesión de la naturaleza. La razón de todos los procesos de la planta… es la semilla. En el embarazo, si hay problemas en la nutrición de la madre, el último en verse afectado será el bebé, ya que la placenta lo priorizará en la alimentación antes que a ella misma.
Hay algo visceral que se pone en juego evidentemente en la maternidad, pero también en la paternidad. Un plano corporal de conexión con ese nuevo ser, que no deja de sentirse parte de uno mismo a la vez.
Tu cuerpo no hará nunca nada más importante que generar esa vida y cuidarla. Y lo sabe.
- Realizarás la finalidad última de tu matrimonio y lo fortalecerás

Pasar de pareja a familia es una necesidad del proceso de pareja.
Una constante en las terapias con parejas, cuando no han iniciado el camino de convertirse en familia, es el excesivo centramiento en el conflicto. Privada de su función esencial, la pareja humana carece de un fundamento necesario a la hora de atravesar los inevitables conflictos e insatisfacciones que sobrevienen en la convivencia.
No digo aquí que haya que tener hijos para “salvar” a una pareja disfuncional; lo que señalo es que a un matrimonio funcional le aportará muchísimo el hacerlo.

La llegada de niños es siempre una posibilidad de reencontrar el sentido último del ser pareja, del para qué la especie se agrupa en este particular sistema de crianza que es el matrimonio y el clan familiar.
Así como ayuda a descentrarse de las quejas mentales referidas a las nimiedades de la vida personal individual, ser padres ayuda también a reorientar las quejas que la mente produce respecto al compañero de vida.
- Enriquecerás tu vida afectiva y social
“Hoy me veo mucho más con los otros papás del cole que con mis amigos de toda la vida”. Esta frase la escuchamos repetidamente en la consulta. La vida va avanzando, los amigos de cada etapa tienden a poder acompañar mejor a quien está en la misma.
Tony Robbins señala que la calidad de tu vida dependerá de la calidad de tus afectos.

A partir de la paternidad, nuevas amistades y actividades comenzarán a enriquecer tu vida personal y tu vida de pareja.
- Nunca estarás solo del todo
Hay quienes me plantean que ésta es una razón egoísta. Si entendemos a la paternidad como un proceso necesario y natural de la vida… comer, entonces, también sería un acto egoísta. O respirar. Tomar decisiones pensando que algo nos hará bien no es egoísmo, es salud, es lógica.
Y el otro involucrado, el hijo, recibe el don de la vida, nada menos. No sé si mi madre quiso serlo por motivos egoístas. Bendito sea su egoísmo, en tal caso.

La soledad es la fuente definitiva de angustia. Generar vida cimienta el regalo inestimable de la compañía.
El vínculo con tus hijos será para toda la vida.
Y, en la etapa más necesaria, los nietos llenarán de risas y juegos tus tardes.
- Te descubrirás a ti mismo y aumentarás tu autoestima
Experimentarás una nueva forma de amor.
Has conocido el amor de hijo, de amigo, de pareja. El amor de padre es una parte de tu corazón que se activará y te hará descubrir esta nueva y fundamental faceta de ti mismo.
Uno no sabe quién es realmente hasta que experimenta este rol. Uno no se imaginaba que había tanto dentro de uno. La propia vida es mirada desde un ángulo inimaginado.
“No pensaba que tuviera todo ese amor adentro”. Ese tipo de expresiones son habituales en las consultantes que llevan un tiempo siendo mamás.
- Sanarás tu propia historia y crecerás en una sana humildad
“Ahora lo entiendo a mi viejo”. Esa frase resuena (¡tantas veces!) en las paredes del consultorio. La paternidad nos pone en contacto con nuestros aspectos más luminosos, como dijimos. Pero, también, como toca en lo más profundo a nuestro ser, también roza nuestras heridas, nuestros defectos.

Muchas veces nos descubriremos limitados e impotentes. Para quienes somos creyentes, será una oportunidad inestimable para acercarnos al Padre que desde siempre nos espera para consuelo y asistencia.
Para todos, creyentes o no, será un camino de crecimiento en la humildad y la conciencia de nuestros límites y desafíos.
Una oportunidad para abandonar para siempre el perfeccionismo dicotómico en la mirada sobre nosotros mismos.
También se abrirá paso una nueva experiencia de tu propia historia como hijo/a. Entenderás mejor los defectos e incapacidades de tus propios padres. Como nuestro corazón habrá crecido, el perdón y la paz serán realidades más cercanas y posibles.
- Madurarás como persona
Hacerte cargo de una vida que depende de ti será la mejor forma de evolucionar, de resolver viejos vicios y de superar antiguos miedos. La paternidad nos hace ser mejores, más fuertes, más verdaderos.
Los aspectos más luminosos de tu ser aflorarán al servicio de este rol fundante. Sacrificios que te asustaban antes de la llegada del niño (“vamos a dejar de dormir”, “no vamos a poder salir tanto…”) ahora te parecen pequeñeces. Has crecido. Esas capacidades dormidas despertarán al servicio de tu proyecto más importante.
- Vivirás una aventura emocionante

La necesidad de control y el temor a lo desconocido son los grandes limitantes de la vida.
A la vez, el corazón humano es, desde siempre, un corazón sediento de aventura, de novedad. Por eso a todos nos gustan los viajes.
Animarse a traer a alguien al mundo es la aventura más apasionante que puedas pensar. Desde el embarazo, esa sensación de adrenalina, incertidumbre y novedad vale más que mil viajes, más que todas las montañas rusas.
Con tu pareja recorrerán un camino nuevo, lleno de desafíos, pero siempre apasionante.
- Serás más productivo

Las abuelas decían que “un niño viene siempre con un pan bajo el brazo”.
La conexión con los roles de provisión y cuidado activará tu creatividad en un nuevo nivel. La necesidad de producir más ayudará a que focalices en brindar productos y servicios de mayor valor. Te volverás más productivo, utilizarás mejor tu tiempo, notarás que las horas te rinden mejor que antes.
En ese camino, irás definiendo mejor tu misión y visión, conectándote más profundamente con tus dones, con lo que viniste a hacer en el mundo por los demás. Y eso brindará una nueva abundancia.
- Esa paternidad valiente llamada adopción
No podía faltar una referencia a la que considero la forma más generosa y valiente de maternidad/paternidad, que es la adopción.
Hacerse cargo de una vida, cobijarla y nutrirla de amor. Los casos que he acompañado son de las familias más sólidas que he conocido.

Sobre todo, me maravilla el haber sido testigo de padres adoptivos que también tuvieron hijos biológicos. Todos los casos que conocí me compartieron que no encuentran diferencia en el amor que sienten por unos y otros.
- Si es más de uno, mejor
Como hijo único, desde pequeño experimenté el deseo de tener hermanos. De adulto, sobre todo a partir de la práctica clínica en psicología, no dejo de ser testigo de los aspectos positivos de tener más de un hijo.
La dinámica que se da en las casas con dos o más hijos es más abundante, más rica, mucho menos rígida que en las familias de un solo hijo. La capacidad que desarrollan desde pequeños los hermanos de poder convivir con el conflicto y a la vez seguir amando… es tan necesaria para la vida…

Las casas con varios hermanos están llenas de vida, siempre. El amor se multiplica en cada nueva decisión generosa.
- Es designio Divino
He mantenido un estricto tono laico en lo escrito hasta ahora, por dos razones. Una, para que este punteo sirviera también a quienes no son creyentes practicantes y sienten ajenas las razones religiosas.
Otra, porque los que somos religiosos solemos llevar demasiado rápido a ese plano los argumentos. Es valioso darle espacio al aspecto humano, psicológico y emocional para luego adentrarnos en las razones religiosas y espirituales.
Hay consenso en las tres grandes religiones en que la fecundidad es un claro designio de Dios. Es también el sentido esencial del sacramento del matrimonio y de la sexualidad humana.
El proceso del embarazo y el nacimiento son momentos especialísimos que nos conectan, de una manera muy difícil de transmitir en palabras, con el Misterio de Dios. Uno se siente parte de un milagro. Literal.
Tal vez la única razón que he encontrado en la experiencia clínica como suficientemente valiosa para renunciar al regalo de los hijos… es el hacerlo por el Reino en una vocación de especial consagración. Sin embargo, la paternidad y la maternidad son necesidades que también tocan a los consagrados. Necesitan ser expresadas y vividas de una manera espiritual.
En estos años he acompañado a muchos sacerdotes, seminaristas y religiosas. Y siempre el mayor desafío es el de vivir sanamente la paternidad y maternidad espiritual. Quienes logran conectar con ellas son los que viven su vocación en plenitud.
El verdadero amor es siempre trinitario y generativo.
Conclusión
Desde una perspectiva existencial humanista y desde la psicología aplicada, no hay mejor decisión que uno pueda tomar en función de su felicidad que… la de formar una familia.
Por el contrario, postergar indefinidamente tal etapa natural de la vida conlleva uno de los mayores riesgos para la experiencia de una existencia plena.
Estas breves líneas no pretenden agotar el tema, son, como señalé al principio, un sencillo punteo que quiere aportar mi aprendizaje a quienes están en un proceso de discernimiento.
Ojalá te sirvan y valoraría muchísimo tu feedback. Quedo a tu servicio.
Lic. Juan Manuel König
Psicólogo
Miembro de la Asoc. Arg. de Trast. por Ansiedad
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Qué bendición poder compartir en este espacio!